Maingueneau (2004) amplía la reflexión sobre los géneros a partir de la caracterización de distintas escenas de enunciación:
La escena englobante es la que corresponde al tipo de discurso, sea este político, religioso, académico, periodístico. La enunciación científico-académica exige, entre otros, un registro formal, el tratamiento de los temas propios de la especialidad con el vocabulario reconocido en dicho campo, cierto orden en la exposición de las ideas.
La escena genérica corresponde a los géneros discursivos. Esta escena define los roles (un tesista se dirige al jurado/un ponente o un conferencista a colegas o a un público más amplio de estudiosos e interesados en el tema) y presenta los rasgos composicionales propios (en algunas áreas, por ejemplo, un artículo científico debe estructurarse siguiendo el esquema hipótesis/método/resultados/conclusión).
Estas dos escenas definen el marco escénico del texto.
La escenografía es la escena de enunciación no impuesta por el género sino construida por el texto. Es la escena a la cual es confrontado en primer lugar el lector o el oyente. En los discursos académicos hay mucha menor variabilidad de escenografías que en el discurso publicitario: la escenografía suele responder a la escena genérica típica. Sin embargo, por ejemplo, una dedicatoria puede adoptar una forma epistolar o poética; un prólogo de un manual, la escenografía de un cuento maravilloso; ciertas partes de una tesis, la escenografía de un relato heroico en el que se vencen obstáculos para llegar a una meta.
En relación con las diferentes escenas de enunciación, Maingueneau destaca la existencia de polos genéricos. En un polo se ubican los géneros que se aferran a la escena genérica y no son susceptibles de escenografías variadas (recetas médicas; notas de pedido; informes de investigación empírica) y en el otro, géneros que exigen la elección de una escenografía (la publicidad; los géneros filosóficos). Entre ambos, existen géneros que si bien a menudo se aferran a una escena genérica rutinaria son susceptibles de escenografías variadas (por ejemplo, un registro de trabajo de campo que se despliegue como un relato de suspenso; o la presentación de un caso médico que adopte la forma de una historia de vida).
Distingue, así, dos grandes categorías de regímenes de genericidad : los “géneros conversacionales”( de los que aquí no nos ocuparemos) y los “géneros instituidos”. En relación con estos últimos señala cuatro modos de genericidad instituida:
- Géneros instituidos no sujetos o poco sujetos a variación (Fichas administrativas, actas notariales; intercambios entre aviones y torres de control; actas posteriores a la defensa de tesis)
- Géneros en los cuales los locutores producen textos individualizados pero sometidos a imposiciones que dependen del conjunto de parámetros del acto comunicativo. Estos textos siguen una escenografía preferencial, esperada, pero toleran desvíos, pueden recurrir a escenografías más originales ( por ejemplo la ponencia, que suele estar sometida a restricciones fuertes de extensión y de formato, pero que en algunos campos disciplinarios admite variaciones escenográficas: ponencia que se presenta como el relato de un viaje por los textos de un novelista)
- Géneros cuyo funcionamiento es estereotipado o rutinario (como la publicidad) pero que exigen una innovación “obligada”. Estos géneros no tienen una escenografía preferencial. Las novedades escenográficas no cuestionan la escena genérica como es el caso de las canciones o las emisiones televisivas.
- Géneros propiamente autoriales. Se trata de géneros no saturados cuya escena genérica está tomada en una incompletitud constitutiva. El autor categoriza su producción verbal y toma un posicionamiento dentro del campo. Su obra está asociada a una memoria intertextual a través de la que, en su enunciación, el autor construye su identidad. Los modos de organización textual de estos géneros presentan restricciones débiles. (discursos filosóficos, religiosos, literarios)
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