Adam propone desplazar la problemática del género –como repertorio de categorías a las cuales los textos remiten- hacia una problemática más dinámica, la de la genericidad, entendida como la puesta en relación de un texto con categorías más abiertas, y la de los efectos de genericidad, es decir la inscripción de una serie de enunciados en una clase de discursos. Estas categorías permiten pensar la puesta en discurso y la lectura como procesos complejos. Un texto no pertenece por sí a un género sino que es puesto, en la producción y en la recepción, en relación con uno o varios géneros.
La propuesta es abordar el problema del género no como el examen de las características de una categoría de textos sino como la consideración y la puesta en evidencia de un proceso dinámico de trabajo sobre las orientaciones genéricas de los enunciados. Este trabajo se efectúa en tres planos: la producción de un texto (genericidad autorial), la recepción (genericidad lectorial) y en el plano intermedio de su edición (genericidad editorial) |